12 diciembre 2011

La Batalla de las Navas de Tolosa

De un tiempo a esta parte viene siendo habitual que la historiografía españolista, tanto castellana como navarra, tienda a olvidar la decisiva participación de Sancho VII 'el Fuerte' en la Batalla de las Navas de Tolosa, acontecida el 16 de julio de 1212 por tierras de Despeñaperros. Cifrándose en torno a 200 los caballeros que Sancho aportó al ejército cristiano, entienden que el papel desempeñado por los navarros no pudo ser tan significativo como se ha venido transmitiendo en Navarra durante los ocho siglos que han transcurrido desde entonces. Interesadamente, acostumbran a silenciar el contenido de un documento redactado al poco de la batalla que, si algo confirma, esto es el protagonismo de Sancho tanto en la batalla como en sus prolegómenos.

Se trata de una carta que Blanca de Castilla, hija de Alfonso VIII, remitió a Blanca de Navarra , hermana de 'el Fuerte', informándole de lo sucedido. Tanto a la primera, casada con el heredero a la corona de Francia, el futuro Luis VIII, como a la segunda, viuda de Teobaldo III de Champaña, les unía una cierta relación de amistad debido a su parentesco y al acercamiento propio de quienes comparten parecidos destinos lejos de sus hogares. Por la misma razón, es probable que también hubiera remitido una carta similar a Berenguela de Navarra, aunque lo cierto ésta no nos ha llegado.


Blanca de Castilla (1188-1252) y su hijo Luis IX de Francia (1214-1226-1270), San Luis. Miniatura del Salterio de San Luis. Blanca de Castilla fue la dama que inspiró algunas de las composiciones corteses del hijo de Blanca de Navarra, Teobaldo I 'el Trovador' (1201-1234-1253). Siendo todavía sólo conde de Champaña, Teobaldo participó en la campaña contra los cátaros que llevó a Luis VIII a sitiar Aviñón en 1226. Pero cumplido los plazos a los que le obligaba su vasallaje al rey de Francia, abandonó la expedición. Al poco, Luis VIII murió de disentería, y de aquí que muy pronto surgieran rumores acusando a Teobaldo de ser el responsable del envenenamiento del esposo de "su amada".


Efigie tumbal de Blanca de Navarra. Mussée des Beaux-arts et d'Archéologie, Chalons-en-Champagne. Como la existencia de esta efigie es prácticamente desconocida en Navarra, me hubiera gustado ofreceros una imagen de mejor calidad, pero por un error de planificación, cuando en 2007 visité el museo era su día de descanso semanal. La efigie fue descubierta en la antigua abadía cisterciense de Argensolles en 1857. El destrozo que impide ver su cara invita a suponer que éste se produjo durante la Revolución Francesa. Para saber más, Les tombeaux des comtes de Champagne (1151-1284). Un manifeste politique, de Xavier Dectot. Actualmente, la efigie de Blanca no forma parte de la colección expuesta en el museo.

La carta es, más que nada, una especie de crónica de alcance en la que se realiza un resumen recogiendo los acontecimientos más relevantes; es decir, un enunciado con los titulares de la noticia. Es, por tanto, un mensaje fresco, sin interpretaciones ni manipulaciones interesadas. Dice así:



Sancho el Fuerte combatiendo en la batalla de las Navas de Tolosa, Palacio de Navarra.






Sepulcro de Sancho VII 'el Fuerte' en Roncesvalles.

Queda claro, por tanto, que además del decisivo movimiento emprendido por Sancho 'el Fuerte' cuando el desarrollo de la batalla hacía presagiar una derrota cristiana, el monarca navarro también tuvo mucho que ver en que ésta se celebrara, pues Alfonso VIII estaba más por la labor de dirigir los ejércitos a luchar contra el rey de León que contra Miramamolín.

Quien informó a Blanca de Castilla debió de ser su hermana Berenguela, pues en una carta que ésta le escribió describiendo la batalla, antes de entrar en detalle le dice según otra vez os dije. Por lo visto, con el paso de los días la Berenguela castellana debió de darse cuenta de que en aquella primera carta, además de haber otorgado todo el protagonismo a Sancho el Fuerte, no había dejado en buen lugar a su padre, Alfonso VIII; así, en la nueva misiva todo el mérito se lo adjudica ya a él.* De hecho, sólo se refiere a Sancho para decir que estaba al frente de una de las líneas de la formación y que su padre con los Reyes de Aragón y de Navarra sanos y salvos se instalaron en la tienda de Miramamolín.

Ni que decir tiene que había comenzado ya la interpretación interesada de todo lo acontecido. Y en esas estamos ocho siglos después. Aunque en su día me costó encontrarla (en latín e inglés), lo cierto es que, afortunadamente, Blanca supo conservar la carta que le envió su prima.

© Manuel Sagastibelza

-Quiero agradecer tanto a Alicia Zamorano como a Antonio García Omedes, que me hayan permitido usar, amable e desinteresadamente, sus fotografías del sepulcro de Sancho el Fuerte.
-La segunda carta que Berenguela de Castilla dirigió a su hermana Blanca se puede leer traducida al castellano en las página 275-6 de Fernando III, Rey de Castilla y León, de Francisco Ansón.*

* He descubierto que la traducción de la carta de Berenguela de Castilla recogida en la fuente citada está manipulada por omisión. Ver más adelante el comentario del 18 de enero de 2012.

26 de diciembre de 2011

Por lo que he ido averiguando desde que escribí esta entrada, parece que entre los historiadores navarros únicamente José María Lacarra llegó a leer esta carta de Blanca de Castilla (que aunque él presenta como hermana de Alfonso VIII, en verdad era hija). En lugar de transcribirla en su totalidad, optó por resumirla en su mayor parte y citar textualmente sólo el párrafo en el que se describe el decisivo movimiento realizado en plena batalla por Sancho ‘el Fuerte’. Esto me ha permitido comprender por qué ha sido éste el único fragmento que he encontrado reproducido (aunque sin citar la fuente). Por lo visto, y aunque parezca extraño, una vez descubierto el documento ningún historiador navarro ha considerado interesante conocerlo en detalle.

Como me decía el otro día un colega, esta carta debería estar reproducida “en tamaño poster” en la Colegiata de Roncesvalles. Sí, un poco inocente sí que es él.

© Manuel Sagastibelza

10 de enero de 2012

Aunque ya estaba localizada, la carta de Blanca de Castilla a Blanca de Navarra fue divulgada, sobre todo, a raiz de ser publicada en 1880 en el tomo 19 de Recueil des historiens des Gaules et de la France (unas páginas antes, también se recoge la segunda carta de Berenguela de Castilla a su hermana Blanca y la carta del arzobispo de Narbona a un abad del Cister llamado, como él, Arnaldo). Sorprende, por tanto, que hasta Lacarra -que yo sepa- nadie hable de ella. Aunque no sería de extrañar que Arturo Campión hubiera tenido alguna vaga referencia de su contenido, porque al recrear la actuación de Sancho 'el Fuerte' en la batalla se aproxima bastante a la versión de Blanca:

Don Sancho llevaba el ala derecha del ejército victorioso. Oyó el clamor de los árabes y los angustiosos gritos de los castellanos que arremolinados reculaban recibiendo en los riñones el corvo filo de los alfanges. Inició un cambio de frente y cayó por el flanco sobre los mahometanos (algo dispersos en virtud de la propia fuerza de persecución) poniéndolos en espantoso desorden que permitió a D. García Romeo con sus aragoneses, imitar la maniobra del Rey de Navarra.

Pero fuera cual fuese la fuente utilizada por Campión, lo cierto es que su versión fue calificada como patraña por Ambrosio Huici:

Los navarros, a su vez, no han vacilado en atribuir a su rey el éxito de la jornada. Un erudito como Campión, sostiene la patraña de que Sancho VIII [era el ordinal que se le daba por entonces] operó en lo más reñido de la batalla un movieminto de flanco que inició la desbandada general del enemigo.

El comentario lo realizó en su Estudio sobre la campaña de las Navas de Tolosa, un trabajo que presentó al concurso convocado el 1912 por la Diputación Foral de Navarra para conmemorar el séptimo centenario de la celebración de la batalla. A pesar de los elogios que la investigación realizada recibió del jurado, lo cierto es que éste declaró el concurso desierto. La razón la explica Roldán Jimeno en la reciente reedición que bajo su tutela se ha hecho de este trabajo: tiraba por tierra la leyenda navarra sobre el protagonismo de Sancho el Fuerte en tan crucial batalla de la «Reconquista».

Ambrosio Huici cometió el error de confiar demasiado, a pesar de los excesos que ya detectó, en las versiones ofrecidas por Jiménez de Rada en su De rebus Hispaniae y por Alfonso VIII en su carta al papa Inocencio III. Y suponiendo sin fundamento las leyendas navarras, no se preocupó de investigar más.

Pero lo que se podría perdonar a este historiador por ser su estudio de una época en la que no era tan fácil como ahora acceder a la documentación, no es posible hacerlo con Carlos Vara Thorbeck, un investigador que se postula como experto en la Batalla de las Navas de Tolosa y que sobre la actuación de  Sancho ‘el Fuerte’ recientemente decía: serán los historiadores navarros del siglo XVI, los que intenten de manera falsaria dar el protagonismo a este rey.

Habrá que estar atentos para ver cómo entona el ¡tierra trágame! cuando tenga noticia de la carta de Blanca de Castilla.

© Manuel Sagastibelza.

12 de enero de 2012

El cambio de versión que revela la segunda carta de Berenguela de Castilla a su hermana Blanca evidencia cómo en la corte castellana se decidió reinterpretar lo acontecido con la intención de, primero, ocultar los deshonrosos recelos de su rey para enfrentarse a Miramamolín, y segundo, presentarlo como el auténtico héroe de la contienda (es decir, para que fuera recordado como 'el Noble' y no como 'el Escaqueador'). Así, teniendo como referencia la decidida actitud mostrada por Sancho 'el Fuerte' en toda la campaña, se copia su actuación en la figura de Alfonso VIII. Este cambio de papeles se observa, sobre todo, analizando el episodio que, tanto en la carta de este rey al papa Inocencio III como el la crónica de Jiménez de Rada, precede a la milagrosa aparición del pastor. Si en la carta de Blanca de Castilla es Sancho 'el Fuerte' el que, con el apoyo del rey de Aragón y el arzobispo de Narbona, tiene que insistir hasta en dos ocasiones para que Alfonso VIII acepte ir al encuentro de Miramamolín, resulta que en las nuevas versiones es el castellano el que se muestra más decidido frente a las reticencias de los demás:

...Como el rey de los sarracenos estaba ya cerca de nosotros, no quisimos atacar a Salvaterra... ...Como nosotros no podíamos quedarnos allí por la falta de agua, ni avanzar por la dificultad del paso, propusieron algunos de los nuestros bajar otra vez al pie del monte y buscar otro paso a dos o tres jornadas. Más nosotros, mirando al peligro de la fe y al desdoro de nuestra persona, no quisimos seguir este consejo, prefiriendo morir por la fe en la aspereza del paso, antes que retroceder en lo más mínimo en este negocio de la religión, para buscar un paso más fácil. (Carta de Alfonso VIII a Inocencio III)

...unos, teniendo por imposible el paso, se inclinaban a dar marcha atrás y entrar en los campos de los agarenos por un lugar más accesible. Ante esto dijo el noble rey Alfonso de Castilla: «Aunque este plan brilla por su prudencia, comporta un riesgo; pues cuando los civiles y demás profanos nos vean volver atrás, pensarán que no queremos el combate, sino que le damos la espalda, y se producirá una desbandada en el ejército que no se podrá evitar; pero, ya que vemos al enemigo ahí al lado, es obligado que vayamos hacia ellos. Que sea como disponga la voluntad del cielo». (Crónica de Jiménez de Rada)

Para enfatizar la noble actitud del rey de Castilla, ambas versiones meten en escena a Dios premiándolo con la aparición de un pastor que señalará un paso alternativo:

Cuando ya habíamos adoptado esta resolución, nuestros magnates que iban en la vanguardia, guiados por un rústico que Dios nos envió impensadamente, encontraron allí mismo otro paso bastante fácil, y desconociendo los sarracenos aquél paso, pusieron las tiendas en un sitio próximo al ejército enemigo. (Carta de Alfonso VIII a Inocencio III)

E imponiéndose este plan del noble rey, Dios todopoderoso, que gobernaba la empresa con gracia especial, envió a un hombre del lugar, muy desaliñado en su ropa y persona, que tiempo atrás había guardado ganado en aquellas montañas y se había dedicado allí mismo a la caza de conejos y liebres; indicó un camino más fácil, completamente accesible, por una subida de la ladera del monte; y dando igual que nos resguardásemos de la vista de los enemigos, pues aunque nos vieran no estaría en su mano impedirlo, podríamos llegar a un lugas adecuado para el combate. (Crónica de Jiménez de Rada)

La prodigiosa intervención de este pastor ha hecho que desde entonces se hayan escrito rios de tinta a cerca de su identidad, pero si nos atenemos a cómo se refieren a este episodio las fuentes que antecedieron a las citadas, parece que su aparición no fue ninguna recompensa a la supuesta nobilísima actitud de Alfonso VIII

...los cristianos se armaron y expulsaron a los sarracenos fuera del puerto; pero no pudieron cruzarlo ya que el lugar era muy estrecho y difícil de atravesar. Al día siguiente, sábado, se hicieron con experimentados guías que llevaron al ejército por detrás de la montaña hasta un paso menos dificultoso y por allí dieron con el ejército del rey Miramamolín. (Carta de Blanca de Castilla a Blanca de Navarra)

...Miramamolín lo vio venir y le cerró el paso del puerto. La salida sur del mismo era angosta, entonces Miramamolín ordenó a los suyos que procuraran impedir el paso a los nuestros. Los nuestros, viendo que no podían pasar, pasaron por otro sitio, esto sucedió el viernes, o sea, el 13 de Julio. (Segunda carta de Berenguela de Castilla a su hermana Blanca)

...no pudiendo seguir el camino que nos habíamos propuesto, tanto por la altura y aspereza del sitio, cuanto por los sarracenos que colocados en frente nos impedían el paso, dimos como un rodeo por otra parte, pasando por sitios arduos y abruptos; al llegar al punto en que habíamos de poner nuestras tiendas, nos encontramos con que las haces de los moros estaban ordenadas al frente... (Carta del arzobispo de Narbona).

Ni que decir tiene que si dicho episodio hubiera sucedido como pretendieron Jiménez de Rada y Alfonso VIII, las hijas de éste no hubieran dudado en destacarlo en sus misivas, sobre todo en la versión revisada de la segunda carta de Berenguela de Castilla. Por tanto, sólo cabe concluir que fue deliberadamente exagerado para mayor gloria del rey de Castilla.

© Manuel Sagastibelza.

14 de enero de 2012

Vista la interesada versión ofrecida por Alfonso VIII en su carta a Inocencio III, otra de las informaciónes que aporta que habría que cuestionar es la del número de efectivos que dice aportó Sancho 'el Fuerte':

...Partiendo de allí, llegamos a a Salvatierra, donde se nos reunieron el rey de Aragón, que no trajo de su gente al ejército, sino caballeros nobles, y el rey de Navarra, que tampoco vino al ejército acompañado de más de doscientos caballeros.

De ser cierto el dato, y dadas las exageradas cifras que se acostumbran a dar al describir los ejércitos de ambos bandos, verdaderamente habría que concluir que, efectívamente, el número de contendientes navarros fue insignificante. Pero si nos fijamos en la descripción de la primera línea del ejército cristiano que recoge la carta de Blanca de Castilla, la participación no habría sido tan insignificante como se ha pretendido:

...en primera línea estaban Didacus Lupi y García Romanos y el abad de Citeaux, con 300 caballeros que reunieron de aquí y de allá.

La composición de esta línea estaría en consonancia con la drástica reducción del número de contendientes propuesta por Carlos Vara Thorbeck. Y es que la dimensión de los ejércitos que se ha venido proponiendo casi no la podría reunir, mover y abastecer ni el actual ejército de los Estados Unidos.

Esta información de Blanca de Castilla da respuesta también a otra de las incognitas que se han planteado entre los investigadores: la de la posición que ocupó el arzobispo de Narbona. Si tenemos en cuenta la identificación que Lacarra da a este abad de Citeaux, queda aclarado que el arzobispo estuvo en la primera línea.

© Manuel Sagastibelza.

14 de enero de 2012

Bueno, pues parece que antes que Lacarra, Goñi Gaztambide también consultó la carta de Blanca de Castilla. Tendré que comprobar en qué términos lo hizo. El dato lo proporciona Martín Alvira Cabrer en su magnífica e imprescindible tesis doctoral: Guerra e Ideología en la España Medieval: Cultura y Actitudes Históricas ante el giro de Principios del siglo XIII. Batallas de Las Navas de Tolosa (1212) y Muret (1213) (2000).

El autor hace unos más que interesantes comentarios sobre las cartas de las infantas castellanas, si bien, y al igual que sucede con otros investigadores, no se da cuenta de que la carta conservada de Berenguela de Castilla a su hermana Blanca es la segunda que le envió informándole de la batalla. Así, tampoco se percata de que la información que le transmite la infanta castellana a Blanca de Navarra debía proceder de la primera carta de Berenguela, y, por tanto, no concluye como entiendo yo: que hubo un interesado cambio de versión en la corte castellana. Como se verá a continuación, Martín Alvira cree que la carta de Blanca ha sido olvidada por los historiadores españoles porque descubre que el rey de Castilla quiso abandonar la campaña contra los almohades, lo que rompe la extendida imagen modélica de Alfonso VIII.

Respecto a la segunda carta de Berenguela a su hermana Blanca, dice: Fuente no manejada por Huici en su estudio, aunque sí por los demás analistas de la batalla, tiene interés por haberse escrito poco después de la victoria y, sobre todo, por recoger información “extraoficial” o “privada” del rey de Castilla. En general, sigue la versión de la «Carta de Alfonso VIII» y está bien informada. Indica el orden de combate, el número de bajas y una reseña de la batalla breve, pero bastante ajustada a las otras fuentes.

Y respecto a la de Blanca de Castilla a Blanca de Navarra: La misiva de la otra hija de Alfonso VIII ha sido una fuente ignorada o menospreciada en estudios sobre la batalla tan meritorios como los de Huici o González. Del mismo estilo que la de su hermana, ofrece una información similar en número de datos y calidad de los mismos. Aporta dos noticias interesantes: la primera, la atribución de la victoria cristiana a una maniobra envolvente de Sancho VII sobre una colina que flanqueaba el palenque del Miramamolín; la segunda, clave quizá del “olvido” de esta carta por parte de las fuentes castellanas y de los posteriores historiadores españoles, es la voluntad de Alfonso VIII de abandonar la campaña contra los almohades para reconducirla contra su tradicional enemigo, el rey Alfonso IX de León. Sin constancia en ninguna otra fuente, este dato rompe la extendida imagen modélica de Alfonso VIII. Teniendo en cuenta que es su propia hija quien suscribe la noticia y sus motivaciones que referirla, no hay que descartar su veracidad. El francés Ferdinand Lot no sólo revalorizó este documento, sino que le dio rango de fuente clave para la interpretación de la victoria cristiana. Lo mismo harían autores españoles afines a la figura del rey Sancho VII de Navarra como Goñi Gaztambide o el más fiable Luis Javier Fortún Pérez de Ciriza, quien lo considera un “documento directo, fidedigno y veraz”.

Se olvida de citar a Lacarra, para quien el movimiento estratégico de Sancho 'el Fuerte' desvelado en la carta de Blanca de Castilla, reforzaría la idea de que fue él el primero en asaltar el palenque de Miramamolín:

Se ha discutido quien fue el primero en asaltar el palenque, detalle que omiten las versiones oficiales castellanas. Indudablemente hubo un movimiento envolvente llevado a cabo por las fuerzas de caballería de las dos alas -las únicas que podían asaltar esa defensa- pero la tradición y el propio testimonio de la hermana de Alfonso VIII [en verdad hija] en su carta a la condesa de Champaña, atribuyen el mérito al rey de Navarra.

Cadenas de las Navas de Tolosa: tramos de Roncesvalles. Sancho el Fuerte trajo a Navarra, como botín de la batalla, las tiendas de Miramamolín y algunos tramos de las cadenas del palenque que las protegían. Además de en Roncesvalles, también se repartieron fragmentos en la catedral de Tudela y el monasterio de Irache (actualmente en el Palacio de Navarra). Fueron incorporadas al escudo de Navarra, sustituyendo al dibujo de la bloca, hacia finales del siglo XIV. Aunque...

...a tenor de las cadenas que se aprecian en esta desconocida (al menos por estos lares) miniatura del tercer cuarto del siglo XIII que representa a Teobaldo I, habría que reconsiderar esta cuestión y comenzar a contemplar la posibilidad de que la leyenda sobre el origen de las cadenas en el escudo de Navarra también estuviera más próxima a la realidad de lo que se ha supuesto. (revisión del 10 de septiembre de 2013)

En este fragmento de otra miniatura tan desconocida como la anterior, y también del tercer cuarto del siglo XIII, en la que Teobaldo I y su tercera esposa, Margarita de Borbón, escuchan a un músico, las armas de Navarra se representan con el más habitual carbunclo. Además de las de Navarra, en sus mantos también se han representado las armas de Champagne.

El hecho de que el logotipo de los afamados champanes Taittinger recrée un hipotético sello de Teobaldo I 'el Trovador' como caballero cruzado, y no como rey de Navarra y conde palatino de Champaña y Brie, se debe a que, según la tradición, fue él quien a su regreso de la Cruzada de 1238 trajo a Champagne -desde Limassol, Chipre- la variedad de uva chardonnay con la que, con el tiempo, comenzaron a elaborarse sus afamados caldos. Si del contenedor se trata, me quedo con la miniatura de Teobaldo portando las armas de Navarra; pero si la cosa va con el contenido, me quedo con el que encierran la botella y el corcho decorados con el sello recreado (sobre todo si es un Comptes de Champagne, blanc de blancs).

© Manuel Sagastibelza.

18 de enero de 2012

Hoy, repasando una traducción al inglés de la segunda carta de Berenguela de Castilla a su hermana Blanca, me he dado cuenta de que la versión en castellano que he venido manejando está manipulada por omisión. Entre el párrafo del saludo y el del inicio del relato, en el que dice aquello de según otra vez os dije, se ha omitido este comentario:

Tengo buenas noticias para ti. Gracias a Dios, de quien procede toda virtud, el rey, nuestro padre y señor, venció a Miramamolín en batalla campal, lo cual consideramos un honor excepcional, ya que hasta ahora era inaudita para el rey de Marruecos la derrota en un enfrentamiento a campo abierto. Y sabed que ya me lo había anunciado un siervo de la casa de nuestro padre; pero no le creí, hasta que vi las propias cartas de nuestro padre.

La información que proporciona este comentario, además de confirmar la idea que vengo apuntado, aclara el origen de la segunda versión de la información proporcionada por Berenguela. Lo veremos otro día. De momento, me quedo con su incredulidad ante las noticias que le adelanta el siervo: hasta que no recibió la carta de Alfonso VIII, la versión que ella consideraba buena era la primera que tuvo. Es decir, la que daba el protagonismo a Sancho 'el Fuerte'. No es de extrañar, por tanto, que comenzara su carta anunciando a Blanca buenas noticias. Como de la victoria ya le había informado en su primera carta, es evidente que se estaba refiriendo a la novedad que suponía el protagonismo de su padre.

Continuará.
© Manuel Sagastibelza.

10 comentarios:

Punta dijo...

Tu agradecimiento es bien recibido. No todos los días encontramos a personas que utilicen las fotos, documentos,... de otras personas previo aviso y pidiendo permiso para ello.

Con respecto al artículo me ha parecido muy interesante. Estás haciendo un buen trabajo, lo que también es de agradecer.

Un saludo.

Manuel dijo...

Qué menos, Punta. Pásate por aquí cuando quieras, aunque ando tan liado con el retablod e Aralar, que para cuando publico una entrada nueva pasa mucho tiempo.

Anónimo dijo...

Muchas gracias por habernos descubierto esta carta, Manuel. He leído bastante sobre la batalla de las Navas y nada se dice ni de esta carta ni de la de Berenguela. Creo sinceramente que va a ver que comenzar a estudiar desde cero lo que sucedió aquel 16 de julio de 1212. Sobre todo si se confirma que Jiménez de Rada retocó la historia.
Si lo consideras oportuno, puedo facilitarte referencias sobre los estudios que obran en mi poder. Te envío un correo.

Manuel dijo...

Gracias por el ofrecimiento. Bueno, no sé si desde cero, pero bastantes cosas sí que habría que cuestionar, desde luego. Como 1212 todavía me pilla lejos, no me había metido de lleno a estudiar la batalla, pero por lo que voy viendo ahora que sí lo he hecho... Lo malo es que hay mucho escrito en tinta indeleble, por lo que cualquier revisión que se haga tardará en cuajar. Afortunadamente, la difusión "on line" llega a más gente que la tradicional, aunque ya se encargan los "académicos" de despreciarla. Como si no se escribieran sobre papel auténticas barbaridades.

Javi dijo...

Enhorabuena por tu trabajo. Soy de Jaén y tengo contacto con la gente que vive en Santa Elena. A veces, la información que proporcionan los lugareños es mas que suficiente para clarificar una hipótesis. A este respecto te invito a que visites la última parte de la entrada en mi blog, rutasimprescindibles.blogspot donde se analizan los perfiles topográficos que hubieron de recorrer tanto Pedro como Sancho. Igualmente, los viejos de Santa Elena, comentan que se han encontrado mas restos de flechas por el flanco de Sancho, lo que indica que llegó antes al palenque. Un saludo.

Manuel dijo...

Muchas gracias, Javi. Impresionante tu trabajo. Pongo la dirección completa para ayudar a los que vengan más tarde a encontrarla:

http://rutasimprescindibles.blogspot.com.es/2012/06/la-batalla-de-las-navas-de-tolosa.html

Interesante lo que dices sobre los restos hallados en el flanco por el que atacaron las tropas comandadas por Sancho el Fuerte. Su coincidencia con lo transmitido por la tradición, evidentemente, apunta a la confirmación de su veracidad.

Pero, como ya cuestiono en la entrada, dudo mucho de que fuera Alfonso VIII el que protagonizó el contraataque. Y, por supuesto, ese "Vos y yo aquí muramos" no es nada creíble. Fue escrita mucho tiempo después de los hechos para mayor gloria del castellano.

Anónimo dijo...

Muy interesante el texto y las miniaturas Manuel, no las conocía, son una maravilla.
Yo opino que son cadenas más que bloca.
Ah¡¡ y gracias por el enlace a mi libro y el retoque de la portada, quedan mejor así las iniciales en rojo.

Un cordial saludo de
Esperanza

Manuel dijo...

Gracias, Esperanza. Ya somos tres lo que vemos cadenas en la miniatura de Teobaldo caballero, pues Roldán J. también las ve. Mikel, en cambio, ve la bloca con las pomas. No hay más ciego que el que no quiere ver (estaría de resaca cuando la miró).

¿Alguien más ve cadenas?

Angel Lacort dijo...

Muy interesantes las dos miniaturas, que confirman los símbolos más conocidos de los Teobaldos. Teniendo en cuenta la precisión con la que se dibujaba cualquier tipo de detalles, resulta evidente que lo que se reproduce NO son cadenas metálicas, sino el carbunclo pomelado (o anudado, como sostienen algunos trabajos). No se puede confundir una bloca, que es un elemento de refuerzo, sin valor simbólico alguno, con el importante carbunclo, que es el adoptado en Navarra. Desde las publicaciones cercanas a la interpretación española de la historia de Navarra se ha defendido la tesis de que Navarra carecía de símbolo, pues las reproducciones de época de Sancho el Sabio, dicen, no tenían valor simbólico. Creo que es un error interesado, una manipulación, que dejaría a Navarra como el único reino que carecía de símbolo propio. Un sinsentido. La duda se podría plantear si no hubiera representación alguna, pero las hay abundantes, y es el carbunclo, que interesadamente se ha desnaturalizado haciéndolo pasar por un vulgar y corriente refuerzo metálico. ¿Cómo explicar que en un lugar de tanto valor simbólico como la catedral de Tudela, donde Sancho VII tenía su sede, los escudos de Navarra allí representados no fueran más que simples refuerzos metálicos? Me parece que el refrán del ciego que no quiere ver tiene más sentido aquí.
Las cartas de Blanca son documentos interesantes, a tener presentes, pero no podemos olvidar la muy abundante documentación de la época, de ambos bandos. Me parece que el libro de Huici sigue teniendo un peso argumental definitivo. Una cosa es la evidente participación de Sancho VII y otra la mitología desarrollada, donde los extremos se tocan.
En cualquier caso, enhorabuena por su excelente web. Da gusto encontrar personas tan interesadas por la historia de Navarra.
Es importante la referencia documental de las miniaturas de Teobaldo para contrastarla con otras existentes.
Salud

Manuel dijo...

Gracias, Ángel.
Bueno, hay que tener en cuenta que, en realidad, ambas miniaturas son más pequeñas de lo que se muestran. Por ejemplo, la figura de Teobaldo cabalgando mide 5,0x7,5 cm. Así que, echa cuentas: a esa escala, precisión la justa. Sí, va contra lo establecido, pero yo sigo viendo, sobre todo en el escudo, un empeño del artista por representar cadenas. No encuentro otra explicación al punto central dibujado sobre las pomas. En cualquier caso, la información que se proporciona para los dos manuscritos que recogen las miniaturas no es muy precisa, por lo que tampoco es cuestión de sacar conclusiones precipitadas. Me conformo con reabrir el debate sobre el origen del escudo.

Desde luego, estoy contigo en que los numerosos escudos blocados no pueden entenderse como unos escudos sin más. Si, como se pretende, así fuera, es de suponer que nos los encontraríamos por todas partes; y qué quieres que te diga, yo no me he tropezado en mis numerosos viajes con escudos blocados sin más. Por tanto, su profusa representación en la catedral de Tudela no creo que pueda explicarse como una casualité. Y lo mismo sucede con el escudo del sello de Sancho el Sabio. Qué empeño en buscar explicaciones enrevesadas existiendo conexiones más simples y evidentes!
En cualquier caso, no hay que olvidar que asistimos al nacimiento de los escudos de armas y que, por tanto, no se puede tratar la cuestión desde el rigor posterior de la Heráldica. Por ejemplo, nada sabemos de las armas de Enrique II de Inglaterra; y del propio Ricardo Corazón sólo se conservan dos sellos que muestran un escudo diferente: un león rampante, el primero, y los archiconocidos tres leopardos/leones pasantes, el segundo.
Resumiendo: que a la vista de la miniatura y de lo transmitido por la tradición, yo no descartaría que Teobaldo hubiera tenido en cuenta las cadenas de Las Navas cuando retomó la bloca/carbuclo. Otra cosa sería, por tanto, cómo se esquematizó su representación. Y viendo los eslabones de las cadenas de Las Navas...