11 septiembre 2011

La Ymagen de San Miguel in Excelsis y sus anteriores estados

En esto de la Historia, una cosa acostumbra a llevar a otra y, así, los proyectos se vuelven inabordables (sobre todo si no se dispone de mucho tiempo que dedicarles). La entrada de hoy es un buen ejemplo de esto. Bueno, de esto, y de que no está todo dicho, y que todavía queda mucho por investigar.

Evidentemente, la imagen titular del Santuario de San Miguel de Excelsis nada tiene que ver con Berenguela de Navarra, pero como ya desvelaba en la entrada en la que propongo que el retablo de Aralar fue un regalo de novios de Ricardo Corazón de León, la búsqueda de información que me pudiera ayudar a descubrir qué es lo que había anteriormente (o todavía hay) tras la tabla con la leyenda que informa de la limpieza del retablo de 1765, me ha llevado hasta un manuscrito que se suponía perdido, pero que, en realidad, estaba a la vista de todos aguardando a ser consultado. Se trata del S. Miguel de Excelsis Aparecido en la Cumbre de Aralar, del padre Francisco García de Palacios.


Quien primero me alertó de su existencia, hace cosa de siete meses, fue Alicia Mª Canto y De Gregorio, Profesora Titular de Epigrafía y Numismática de la Universidad Autónoma de Madrid. Pudo comprobar que tanto Caro Baroja como Jimeno Jurío lo citaban como obra consultada por Burgui, pero que ellos no la habían visto. Fue leyendo a Arigita cuando pude constatar que el manuscrito se daba por perdido. Alicia tuvo la oportunidad de ojearlo un par de horas y de comprobar que nada decía sobre la vinculación del retablo con Ricardo Corazón de León que propongo, cosa que era de esperar si tenemos en cuenta que Burgui lo había consultado y nada recogía al respecto.

Pero, como decía, la búsqueda de información que me permitiera responder al nuevo interrogante me llevó, casualmente, otra vez hasta él en mayo. Como había sido escrito en 1718, es decir, casi medio siglo antes de la limpieza del retablo, decidí hacerme con una copia por si daba la casualidad de que recogiera una descripción del retablo que Burgui hubiera pasado por alto en su obra. Desgraciadamente, lo que aporta, aunque interesante, apenas da para ampliar una nota de pie de mi trabajo sobre el retablo (ver entrada Ricardo Corazón de León y el Retablo de Aralar). No obstante, la consulta del manuscrito me ha permitido, además de descubrir información realmente interesante en lo que al conocimiento de la historia del Santuario se refiere (me temo que Burgui, más que consultar el trabajo de García de Palacios, sólo se limitó a "actualizarlo" y a complementarlo), ver cómo era la venerada imagen de San Miguel de Excelsis antes de la primera representación conocida hasta este momento. Y digo "antes de", porque desde la restauración de la imagen en 1756 -cuyo dibujo reprodujo Burgui en su trabajo de 1774- hasta la imagen que conocemos en la actualidad, la efigie ha sufrido alteraciones en al menos dos ocasiones.

A la izquierda, la imagen en su estado actual. A la derecha, tal y como se recoge en la obra de Burgui.

Llegados a este punto, y con el fin de entender mejor los diferentes estados de la imagen conocidos y que propondré, conviene recordar lo que Burgui dejó escrito respecto a la imagen.

Su materia es de madera incògnita, y de color moreno: su estatura de un palmo, y siete pulgadas; y la Cruz, que afianza sobre su Cabeza, tiene longitud un palmo, y cinco pulgadas: su figura recta, y de trage largo, como de ropa talàr, sin que se descubran los pies: sus dos àlas rectamente extendidas, y unidas à sus espaldas; y sus dos brazos levantados, y arqueados de modo que se juntan sobre su Cabeza las dos manos, como sosteniendo la Cruz por su inferior extremo. Para que se conservase mejor esta Efigie prodigiosa, la cubrieron, y adornaron los Antiguos con un vestido de plata sobredorada, cuyas piezas acomodaron à las labores de su figura, fijandolas con clavetes en ella, dexando su cara descubierta, para que la adorasse con òsculos reverentes la Devocion pùblica. Por la frequentissima repeticion de èstos, llegò a desfigurarse algo la graciosa perfeccion de su rostro en nariz, y labios; pero yà se atajò la continuacion de este inconveniente, sobreponiendo un christal à su semblante.

A continuación de esta descripción, Burgui aportó la información más interesante: el estado de la imagen anterior a la restauración y las alteraciones efectuadas durante ésta.

Haviendole desprendido el Platero el antiguo vestido de plata, vimos todos, que el cuerpo, y la cabeza de la Imagen Sagrada eran de una misma especie de madera morena, y muy solida, que nadie pudo conocer, ni aun el Maestro Carpintero, que asistia al examen ocular. En las espaldas, en los ombros, y sobre la cabeza, se hallaron indicios, de haver havido antes continuacion con la Cruz, las alas, y los brazos: por lo qual se creyò sin duda alguna, conforme à la Tradicion antigua, que toda la obra fue de una misma materia continuada. Faltaba de esta [materia] en la Cruz, brazos, y alas; y por eso en estas partes substituyeron los Antiguos las correspondientes piezas de otra especie de madera, proporcionandolas con la misma disposicion, y figura, que tenia la Imagen en su formacion primitiva.

Hecho el reconocimiento con el mas reverente cuidado, fueron colocadas todas las piezas en el nuevo Relicario, o Vestido, pero con mas primor, y decente modo, que en el antiguo; pues aora quedò la Imagen Santa bien assegurada dentro, sin fixar en ella clavo alguno. En la Cruz, que antes tenia sobre la cabeza, se puso embutida otra cruz pequeña de madera, que engastada en plata se hallò en el Sagrario del Altar mayor de la Iglesia misma. Haviase conservado alli hasta entonces, reputada comunmente por Reliquia de Lignum Crucis; mas en este lance, bien examinada su materia, parecio ser de la misma madera de la Imagen Sagrada, ò por lo menos muy semejante a ella: por lo que se congeturò, que era parte de la Cruz primitiva, que estuvo antiguamente continuada sobre la cabeza. En todo caso se tuvo por conveniente colocarla en la otra Cruz Mayor, y se executò assi; para que alli se conserve con seguridad mas firme, y sea publicamente venerada con la misma Imagen del glorioso Arcangel. En las quatro extremidades de la Cruz, se pusieron quatro esmeraldas, para mas adorno suyo. Porque no falte à la piedad pùblica el consuelo de vèr, y adorar la primitiva materia de la Imagen prodigiosa, se dexò èsta algo descubierta en el pecho, en el rostro, y en la Cruz misma, sobreponiendo unas piezas de christal, engastadas en la plata; a fin de que en esstas partes no reciba la materia sagrada algun detrimento, por la frequencia de los reverentes ósculos, con que suelen adorarla los Devotos.

Por lo que se deduce, parece que la imagen dispuso antiguamente de una cruz que, por las razones que fuesen, fue reemplazada por otra en un momento no determinado. No estimándola suficiente, durante la restauración se decidió enriquecer incrustando en ella una cruz adicional que, engastada en plata, se guardaba en el Santuario, y que, además de estar considerada una reliquia de la cruz donde murió Jesús, se supuso original por la coincidente tonalidad de su madera con la del resto de la talla.

Imagen con la cruz formada por la reliquia de Lignum Crucis incrustada en la de la imagen de San Miguel.

Pues bien, como decía, entre estos diferentes estados conocidos de la imagen de San Miguel de Aralar habría que añadir otros dos: los debidos a las restauraciones de las que fue objeto tras haber sido, primero, rota en tres pedazos durante el robo de 1797, y, segundo, cubierta nuevamente con plata sobredorada en 1915. De aquí las notables diferencias que se observan entre ambos estados.

Diferencias más significativas entre la imagen actual y la representada en el trabajo de Burgui.

La comparación de ambas imágenes me hace sospechar que estas diferencias se debieron al nuevo diseño que se dio a la base de la cruz, troncopiramidal, o troncocónica, invertida en el dibujo de Burgui, y escalonada en la actualidad. El aumento del ancho de la base que implicó esta reforma obligó a abrir el ángulo de los brazos que la sujetan, lo que explicaría la presencia de las piezas que a modo de abrazaderas se añadieron a los brazos en su conexión con los hombros. Por la naturaleza de esta alteración, y a falta de otra información, entiendo que ésta se realizó durante la restauración de 1915.

La confirmación de que estas diferencias no se deben a posibles libertades tomadas por el autor del dibujo publicado por Burgui, se constata observando la lámina incluída en el manuscrito de García de Palacios que reproduce el estado de la efigie en torno a la fecha de su trabajo, 1718, y que desvelo a continuación.



Talla de madera de la imagen de San Miguel, vista de la espalda. El rebaje que se aprecia bajo los hombros es donde se encaja la pieza de las alas. Con el fin de dar cierto soporte a los vuelos que muestra el actual estuche de plata (material muy maleable), en los laterales del faldón se adosaron los postizos que se observan en la fotografía. El escaso detalle de la talla no ayuda a datarla con cierta precisión. Seguramente se encargó en paralelo al nacimiento de la leyenda de don Teodosio de Goñi (una adaptación de leyendas similares que también se cuentan en otros lugares de Europa y que habría comenzado a divulgarse durante el siglo XVI con el fin de revitalizar el Santuario, caído en el olvido tras perder Navarra sus reyes privativos).

Es evidente que la similitud de la base de esta cruz con la representada en el trabajo de Burgui, confirmaría lo apuntado. Pero, además de esto, este boceto revela otros dos nuevos estados de la efigie, pues por Burgui se concluye que el Jesús crucificado no estaba para cuando la restauración de 1756. Por tanto, este crucificado se debió desmontar y/o perder en el periodo transcurrido entre 1718 y 1756. Aunque la imagen revela más alteraciones (la más evidente, el cambio del ropaje del arcángel en cabeza, cuerpo y alas), resulta conveniente que antes nos hagamos eco de la descripción que García de Palacios realizó en el capítulo correspondiente.

El Crucifixo SS, su Cruz Santa, de que pende, y la preciosa Ymagen de San Miguel [se refiere a los elementos que configuran la imagen de San Miguel en su conjunto]... en quanto hoy se vee de sus hechuras, son de Madera colorida, y dorada en partes. Dorada, y algun poco estofada esta la Cruz. El Cuerpo del Crucifixo encarnado al natural; como el Rostro, y Manos del Archangel. Su Color fue Trigeño, y perfecto Mixto del Blanco y Rosado, ô Roxo, segun lo muestra hoi dia la Encarnación de ambas milagrosas Ymagenes; la qual se vee ya obscurecida de su propia Ancianidad en tanto, que declina casi a Negro su Color...

El Todo del Crucifixo Santissimo, si bien no parece de las Tallas mas primorosas, es perfecto; Coronado de Espinas; y fixo en su Cruz Santa con tres Clavos. Componese esta Cruz admirable [y acaso no sin Misterio] de cinco Cruces casi, o sin Casi: por que cada Uno de sus quatro Extremos forma por si solo Una bien pefecta Cruz; que sirbe de remate â la Cruz, de que pende el Crucifixo: la qual en su medio forma Un perfecto Quadrangulo, o Quadrado capacissimo, â recibir en sí la Ymagen de nuestro Redentor Jesuchristo, cuio medio Cuerpo Superior entra casi todo en dicho Quadrado...

El Rostro del Archangel es, para su hechura tan Anciana, bastantemente hermoso, y afable. Sus Alas son tendidas de alto a abajo, y algo recogidas acia los pies por sus puntas. Sus Cabellos son rubios, aun bien obscurecidos, y largo asta cubrir del todo sus Plantas. Los Tercios de su Talla mui bien proporcionados al tamaño, y medida de su Rostro. Su Altura y Cuerpo, ô Estatura, es de Tercia de Vara Castellana poco mas: y es Corona de su Cabeza el Divino Crucifixo pendiente de su Cruz, y tallado en ella de medio Reliebe, a lo que parece. Todo el Largo y Altura del Archangel y Cruz, que le corona, parece ser, de algo mas de Media Vara Castellana; y que, â lo mas, llegara â tres quartas.

En tiempos, que hoy no alcanzan las Memorias, y se perdieron ya de puro antiguos, la devocion de nuestros Antepasados Vistio el Cuerpo y Brazos, y Alas de esta sagrada Ymagen de San Miguel, y la revistio de una sutil hoja de Plata de martillo, con que llego al año 1689; Y en que este año se cebò el Sacrilego appetito de la humana Codicia...

La imagen descrita y reproducida por el padre Francisco García de Palacios, corresponde a la de la restauración que se hizo tras haber sido robada en el año 1689* entre 11, y 12 de la noche, poco mas u menos. A tenor de la declaración jurada de Esteban de Yjurco (transcrita en su totalidad por García de Palacios en su manuscrito), testigo ocular de todo lo acontecido y más tarde párroco de Huarte Araquil, los ladrones â poca distancia del Santuario, empezaron a dividir de la Reliquial Plata, con que estaba engarzada [la imagen], como lo esta ahora; arrancando con Ganzuas, o Tenazas los Clavijos, que aseguraban dicha Plata. Parece que los ladrones no estaban cómodos sintiéndose observados por San Miguel, porque tomando la Santa Reliquia contra una rodilla, la arrancaron del Cuerpo la Cabeza, que no estaba forrada de plata, y la arrojaron con violencia azia el Ayedo, que esta del Santuario en distancia de un tiro de Mosquete a la parte de Aralar, y enderezèra que llaman Sorabarren. Una vez detenidos, sus captores les requisaron la Santa Reliquia (menos la cabeza) con toda la Plata, la mas magullada, golpeada, y deshecha. Les preguntaron por el paradero de la cabeza, pero no hubo forma de confesar, que se hubiese hecho. Ante esta cerrazón, al más joven de los ladrones, Juan de Xauregui, se le hicieron promesas yà de libertad, ya de dadivas, por lo que terminó confesando el paradero ya descrito. Por orden del obispo, se compuso la Reliquia en la forma que ahora esta [el que se puede ver en la imagen], en Casa de Joseph Arano, Platero de Pamplona.

Continuará...
...aunque no sé cuando. Tras publicar esta entrada desvelando tanto la imagen de San Miguel antes de que se cubriera con el estuche de plata, como el hallazgo del manuscrito de García de Palacios, el amable ermitaño del santuario me invitó a subir a San Miguel para que pudiera fotografiar la cruz con los fragmentos del Lignum Crucis. Pero una vez allí, me negó su contemplación en base a una instrucción particular dada por el actual capellán, Mikel Garciandia. El sabrá los motivos que le han llevado a tomar tal decisión (según me comentó el ermitaño, se enseñaba a todo aquél que lo solicitaba). Allá él. El episodio recuerda demasiado al sufrido por Eugéne Roulin hacia 1901, que tras subir a San Miguel para estudiar su retablo no pudo contemplarlo por la negativa de su capellán por entonces, Javier Bengoechea. Tuvo que recurrir al obispo de Pamplona para obtener la correspondiente autorización. Cuando Roulin publicó su trabajo recordó el trato dispensado por el capellán, al que calificó de poco civilizado. Pues eso.

Manuel Sagastibelza.
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*Arigita, en base a un acta del Cabildo Catedral de 1797, corrigió el año 1689 por 1687, pero considero más fiable, por su naturaleza y cercanía en el tiempo, el testimonio de Yjurco transcrito por García de Palacios con esta introducción:

Año 1689. profanò al Sagrado de S. Miguel de Excelsis el Robo sacrilego Ynsinuado yà al capitulo 7. Pamplona (y aun podemos decir, que todo el Reyno de Navarra) se empeño en el desagravio justissimo de su Glorioso Valedor el Principe de los Angeles S. Miguel con las solemnes demostraciones, y Veras, que, sobre ser cosa Publica hoy en Navarra, testificara a todos la siguiente Declaracion hecha, y jurada por Don Esteban de Yjurco, Testigo ocular de todo su contenido, y hoy Vicario, ô Parrocho de Huarte de Araquil; y signada de Pedro de Beregàña, Escrivano Real Publico, en el dia, Mes y año, señalados en su Original, que esta en mi poder; y fielmente copiado por mi aqui, es del tenor siguiente.

Adelanto esta nota por los comentarios recibidos.